Un estudio de la Universidad de Oxford dice que el 47% de nuestros empleos corren el riesgo de desaparecer en los próximos años.

Consultaron a Silicon Valley, Japón, Corea del Sur, Israel y varios países europeos para ver qué va a pasar con nuestros trabajos a raíz de la tecnología.

Una de las cosas que más sorprendió es que esa cifra no es universal, sino para Estados Unidos, Argentina y los países emergentes va a ser aún mayor. Para Argentina, el cálculo del Banco Mundial es que el 64% de los empleos van a estar amenazados en los próximos 10 años.

Según los cálculos de estos mismos economistas y estudios separados del Banco Mundial, en América Latina estamos hablando de un riesgo del 60% al 70% por un motivo muy sencillo: los trabajos más rápidamente reemplazables por robots son los trabajos rutinarios y mecánicos.

Todos esos trabajos son mucho más fáciles de reemplazar que aquellos mentales. Es un tsunami de automatización que viene rapidísimo y podría afectar a todos.

Nos dirigimos a fábricas totalmente robotizadas, porque aunque los robots existen desde hace 50 años, en los últimos cinco, ha pasado un fenómeno increíble que ahora se va a acelerar: los robots son cada vez más baratos e inteligentes. Hasta hace poco, un robot era un individuo. Estaba programado para atornillar un tornillo en una fábrica automotriz. Hoy en día, el robot que atornilla un tornillo está conectado con un millón de otros robots por la nube, entonces se alimenta del conocimiento y de los avances de cada uno de los otros robots.

No debemos preocuparnos, sí debemos dirigirnos a trabajos mentales, creativos y artesanales. La inspiración y creatividad, los principios éticos, la transmisión de valores, la motivación para encontrar la pasión, esto no se copia. La sensibilidad y la intuición tampoco. Y como si fuera poco, nos queda el amor.

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