Por Tony Villavicencio.- Llegados los tiempos políticos, el clima en Quimilí comienza a percibirse tenso. Los conflictos surgen de donde menos el ciudadano común espera, aunque a estas alturas de la historia, nadie desconoce y no hay dudas de quiénes son los que se ocultan detrás de las maniobras que enturbian el normal inicio de la campaña electoral.

Otra vez, más de lo mismo, es causal y no casual de usurpaciones de viviendas y terrenos que en estos tiempos remonten la histórica problemática habitacional, que demanda el crecimiento demográfico de la población quimilense, principalmente provocado por el arribo de los nuevos habitantes que eligen vivir en esta progresista ciudad, que promete trabajo, servicios y bienestar.

Barrios usurpados

En Quimilí, la historia de las usurpaciones de barrios en su plena ejecución y de terrenos baldíos data de varios años. Son los casos de la Villa Miguelito, hoy parte del barrio Alomo; barrio Victoria, reconocido popularmente como “El Usurpado”, emplazado al sur de la ciudad, en inmediaciones de otros complejos habitacionales; por otro lado, el barrio Marco Antonio, terreno usurpado donde posteriormente sus habitantes levantaron sus hogares; ampliación del barrio FO.NA.VI. IV, apropiado en su etapa final y todas las usurpaciones con un mismo incitador.

Es por eso que a nadie sorprendió cuando las prácticas del pasado volvieron a ocupar el escenario político. Fue el miércoles 30 de mayo, en horas de la madrugada, cuando se registraron otra vez intentos de usurpación de viviendas pertenecientes al Programa Federal de Emergencia Habitacional. Emplazamiento llevado adelante desde el municipio como ente regulador y garante, en connivencia con la Federación de Cooperativas de la ciudad de Quimilí. Cooperativas que tuvieron la tarea de llevar adelante la construcción de las viviendas, que se encuentran en segunda etapa de edificación, por lo tanto, no estarían aptas para ser habitadas sin sanitarios, agua, luz y además, la obra está detenidas desde hace algunos meses.

Déficit habitacional

El problema habitacional ha sido y por lo visto, sigue siendo, el caballito de batalla del mustafismo. Sector político opositor que siempre se alimentó de la instigación de usurpaciones. Esto sería, en términos más concretos: aprovecharse eternamente de la necesidad de los ciudadanos, jugar con sus ilusiones y los anhelos de la casita propia, a costa de lo que sea y de esa manera obtener algunos réditos políticos mediante la vil y maquiavélica maniobra.

Según nos viene relatando la historia, la voz instigadora viene del mismo lugar, un octogenario dirigente que siempre interpretó a la política como la obra de fulleros, quien notificado de su difícil situación en las encuestas e informado de la más alta intención de votos a favor del intendente Omar Fantoni, pergeñó la maniobra.

Quién puede desconocer que Mustafá, como buen “zorro” de la política, usó a los que sueñan con una casita, no con el fin de solucionar el déficit habitacional de esas familias, sino para desprestigiar a su oponente, y lo hizo usando la remanida estrategia, que también la puso en práctica durante las gestiones de los ex intendentes José y Luis Fernando Gelid.

En Quimilí, esta vez nadie duda de quién es el que mandó a usurpar las viviendas en construcción. Hay familias arrepentidas que este diario se reserva el derecho de nombrar por razones de seguridad, las que sí estarían dispuestas a decir su verdad en los ámbitos de la justicia si fuere necesario.

En esta lectura, lo único que queda en claro es que la ambición de poder no tiene límites ni escrúpulos y si se revisa la historia de hechos y actores, nos damos cuenta de que no hay riego de equivocación, son los mismos que como antes, también hoy instigaron a la usurpación  de las viviendas  del Programa Nacional de Emergencia Habitacional, usando a las familias que con derecho sueñan con la casita propia.

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